Sobre el uso del termino genocidio en Argentina

Ya es un lugar común designar al masacre político llevado a cabo durante la ultima dictadura como “genocidio”. En un principio los familiares de desaparecidos y los organismos de derechos humanos y los partidos afines eran los únicos en usar esta palabra, ahora jueces y universitarios, así como un amplio arco político tiene asumido que hubo un genocidio. Tanto que discutir el uso de esa palabra es asimilado de inmediato a negacionismo. Y es cierto, el negacionismo ha sido una voz imponente durante muchos años en Argentina, por parte de militares que negaron la evidencia de lo que habían hecho como de sus aliados. Pero contradecir el uso de esa palabra no es negar que hubo una masacre, ni que ese fue llevado a cabo de manera sistemática, a través de una red de campos de concentración clandestinos alimentados por una feroz organización de las fuerzas de un orden criminal.

Pero hay que recordar, como lo hace Hugo Vezzetti, que hablamos de escalas tan diferentes que la comparación es muy poca viable, por ejemplo 30 000 personas es la capacitad de absorción de dos días del campo de exterminación de Auschwitz. Se puede hablar de metodología, y quizás de fines, parecidos como se puede comparar la guerra de Malvinas con la 1era Guerra Mundial, por las condiciones en las trincheras, como lo hace Federico Lorenz. Pero queda claro que hablamos por un lado de tres meses de sufrimientos y cientos de muertos, por otro cuatro año de guerra y varios millones de victimas. Es decir, la escala ya cambia la naturaleza del hecho.

Pero, digamos que el genocidio no es una cuestión de numero. De hecho, los genocidios perfectos –en el sentido de llevado acabo por completo – seguramente mataron un numero relativamente reducido de personas, pero acabaron por completo con culturas, etnias o como se quiera llamar, hasta no dejar una huella. Por ejemplos, son las comunidades indoamericanas que los antropólogos quizás guarden registro, quizás no. Por más pequeña que sea una comunidad, si tiene su idioma y se percibe como distinta de las demás, acabarla es llevar a cabo un genocidio.

¿Entonces por qué no reconocer que lo que hizo la ultima dictadura en Argentina ha sido un genocidio? El genocidio conlleva la idea de victima absoluta, en el sentido de que sus blancos no se exterminan porque hubieran hecho algo o que estorban un proyecto, sino únicamente por ser. Es por ser indio, armenio, gitano, judío, tutsi, que se matan. Y no porque se supone que son banqueros, comunistas, ladrones o creídos. La razón es haber nacido. De manera que aplicar el concepto a los decenas de miles de argentinos asesinados por la dictadura conlleva la idea que ellos han sido exterminados por haber nacidos, y no porque los dictadores pensaron que llevaban un proyecto político peligroso para ciertos intereses. El genocidio despolitiza a su victima.

Entonces es muy paradójico que los mismos que lucharon desde el fin de la dictadura para que las identidades políticas de las victimas sean reconocidas –lo que lograron progresivamente alrededor de la mitad de los 90, antes prevalía la “teoría de los dos demonios” que desalentaba reconocer cualquier militancia-, sean los que más insistan en que se reconozca el termino de “genocidio”. Me parece que esa confusión permite sacralizar las victimas a la vez que abandonar por completo sus proyectos políticos.

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